Oct 072021
 

Homo homini lupus. Famosa frase que acuñó el filósofo Thomas Hobbes y que extrajo de la obra dramàtica Asinaria de Plauto (250-184 a.C.). Con ella, Hobbes refería a la maldad natural que lleva el hombre en su interior, capaz de realizar grandes atrocidades.

El hombre es un animal social y, como tal, se rige por unas normas y unos valores de conducta y comportamiento no escritas para su propia supervivencia. Estas normas se han ido creando, ampliando e integrando en nuestros subconscientes durante siglos. Salirse de ellas puede repercutir en consecuencias negativas, especialmente si se trata de crímenes.

La bestia interior es la reacción opuesta a estas conductas y valores. Se define por un carácter más errático y primario, influido por sus instintos primitivos, menos civilizados y, generalmente, más tendentes hacia la violencia. Todo ello se define en un enfrentamiento entre la animalidad y la racionalidad, ambas inherentes en el ser humano, siendo la primera la reprimida por esta condición de animal social. Esta bestia suele formar parte de nosotros mismos y se crea a partir de sentimientos y emociones no trabajados, heridos o faltos de madurez.

En este sentido, desde sus inicios la ficción ha querido mostrar de forma metafórica esta bestia de distintas maneras, e incluso la podemos encontrar en la historia de Caín y Abel, relatada en el libro del Génesis, donde Caín, ciego de envidia, asesina a su hermano, Abel, con la consecuente expulsión del paraíso del primero hacia la tierra de Nod.

La licantropía es, en muchas de las figuras literarias, una maldición impuesta a un humano por un ente de la naturaleza que le convierte en un monstruo violento y le condena a vivir eternamente en esta dualidad entre humano y bestia, pasando de un estado mental civilizado y racional a una total pérdida del control y reducción a impulsos primarios.

Se dice que la leyenda del hombre lobo es tan antigua como la humanidad misma, ya que se encuentran registros desde la edad Media sobre estos seres. Sin embargo, algunas de sus mitologías son bastante más modernas, como por ejemplo que se transforman en las noches de luna llena (asociado al terror milenario de la oscuridad) o que solo se les puede matar con una bala de plata.

Mencionar además que esta leyenda sufre pequeñas variaciones según la cultura del lugar. Y es que, obviamente, no en todas las civilizaciones primitivas conocían la existencia de los lobos, o había otros animales semblantes que sirvieron para crear la leyenda. Así, en algunos países de África existe la leyenda de los hombres hiena u hombres leopardo, mientras que en Latinoamérica encontramos la leyenda quichua del Runa uturuncu (hombre puma), que cuenta que si quien posea una piel de puma se puede transformar por la noche en un puma.

La leyenda del hombre lobo ha sido recreada en innumerables ocasiones en el séptimo arte, siendo El hombre lobo ( George Waggner, 1941) una de sus más famosas encarnaciones de la edad de oro del cine de terror de Universal Pictures que ya forma parte del imaginario colectivo, y en la que se han ido basando las subsiguientes películas. Aunque la primera película sobre hombres lobo fue El lobo humano (Stuart Walker, 1933), protagonizada por Henry Hull.

En realidad, la primera película que se conserva que habla sobre la licantropía fue Wolfblood, de 1925, dirigida por George Chesebro y Bruce Mitchell y protagonizada por el primero. En esta cinta, sin embargo, no aparece ningún hombre lobo ni ninguna transformación como sí ocurriría en subsiguientes filmes, sino que se insinúa esa posibilidad. Dick Bannister (personaje que interpreta Chesebro) es atacado por el jefe de una empresa rival y para poderle salvar la vida requiere de una transfusión de sangre. Al no encontrar ningún voluntario para ello, los médicos deciden usar sangre de lobo.

Pero la bestia interior no solo se manifiesta en forma de animales de la naturaleza. Y es que cualquier forma de expresión de esa doble cara humana menos integrada en la manera social sirve como ejemplo de ello. Y, sin salir del mundo del cine, ni del género de terror, tenemos a la famosa historia del doctor Jekyll y Mister Hyde (personajes sacados de la novela El curioso caso del doctor Jekyll y Mister Hyde de 1886 escrita por Robert Louis Stevenson), cuya más popular encarnación es la película de homónima 1931(que este año también está de aniversario) dirigida por Rouben Mamoulian y protagonizada por Fredric March.

Esta cuenta la historia de un científico que prueba un experimento consigo mismo y despierta a un ser abominable dentro de él que crea el caos allá donde pasa, llegando incluso a asesinar a gente y creando el pánico en la ciudad. En la novela, en realidad, todo esto se cuenta desde una perspectiva posterior a los sucesos, mientras que en las películas seguimos los pasos de Henry Jekyll, a veces embelleciendo el relato añadiendo un relato amoroso.

Decíamos antes que la más famosa encarnación de la novela fue la película de 1931, pero, fuera del género de terror, en realidad este honor recae en la película de 1963 dirigida por Jerry Lewis El profesor chiflado, una parodia del clásico que presenta a un profesor de universidad torpe (física y socialmente), nerd y poco atractivo del que constantemente se ríen sus alumnos, que crea un suero que le convierte en Buddy Love, un personaje que es totalmente lo opuesto a él: atractivo, extrovertido y un portento con las mujeres. Esta versión alternativa del protagonista, lejos de lo que pueda parecer a simple vista, también forma parte de la bestia interior, no solo por seguir los impulsos irracionales del mismo, sino porque sus formas son toscas y rudas y termina recibiendo el rechazo de la única mujer que realmente quiere conseguir.

Y hablando de parodias, no podemos olvidar mencionar la gran y más reconocida parodia del mito, protagonizada por Michael J. Fox en 1985. De pelo en pecho (Teen Wolf, Rod Daniel) cuenta la historia de un adolescente que empieza a sufrir cambios en su cuerpo algo anormales respecto a los que habitualmente sufren los chicos de su edad, hasta que descubre que toda su familia sufre de licantropía y que se transmite de generación en generación.

Podemos, para terminar, fijarnos en otros ejemplos de conversión en un monstruo en otros medios que, eventualmente, han llegado a la gran pantalla. Este es el caso de personajes que sufren un cambio tanto físico como mental a consecuencia de un desgraciado accidente. Esto nos lleva al género de los superhéroes, concretamente de los villanos. Y con ello, no podemos dejar de hacer mención al personaje de Harvey Dent, más conocido como Dos caras en el universo de Batman. Una historia trágica de un miembro de la justicia cuyo rostro y psique acaban tocados tras un accidente del que sale con vida, pero resentido y totalmente demente, fuera del juego social y con ansias de venganza contra el mundo. A destacar las interpretaciones del personaje tanto de Tommy Lee Jones (Batman Forever, 1995) como de Aaron Eckhart (El caballero oscuro, 2008). Además, su propia apariencia es una representación muy literal de esa doble personalidad que comentábamos al inicio (y que también se indica en su propio apodo).

El mito de la bestia interna ha existido durante generaciones en todas las culturas del mundo desde que el ser humano aceptó su rol como animal social. El miedo a perder el control, a no reconocernos a uno mismo y a cometer actos de los que no nos sentimos capaces siempre formaran parte de nosotros mismos, y seguirán alimentando el folclore cultural.

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